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El discurso de Sheij Imran Hossein, pone en evidencia las intenciones sionistas sobre Medio Oriente y el petróleo de la zona con el apoyo de EEUU. A su vez declara que la famosa cadena Al-jazeera no hace más que servir consciente o no, a los fines sionistas. Sus comentarios, que se equivoca en un par de detalles, es porque increiblemente, a pesar de parecer actual, fue realizado en el año 2003.

Porque EEUU teme a la democracia árabe.

Un “cambio verdadero en el que podamos creer” (versión egipcia) significa no sólo librarse de 30 años de dictadura, sino también de su torturador en jefe, quien casualmente ha sido hasta ahora un interlocutor clave de Washington, Tel Aviv y las capitales europeas y un exponente esencial de un régimen íntegramente podrido, dependiente de la explotación implacable de sus propios ciudadanos y beneficiario de la ayuda de EE.UU. para promover programas por los que nadie votaría en el mundo árabe.

La “transición ordenada” también podría considerarse un horrendo eufemismo para abstenerse de intervenir, algo muy diferente de un llamado explícito a favor de la democracia. La Casa Blanca se ha deshecho en una sucesión de galimatías descoloridos con la que trata de rescatar el concepto. Pero el hecho es que tal como el Faraón Mubarak es un esclavo de la política exterior estadounidense, el presidente de EE.UU. Barack Obama está limitado por imperativos geopolíticos y enormes intereses corporativos que ni puede soñar con contrariar.

Un curso acelerado sobre ‘estabilidad’

Para ir al grano: todo tiene que ver con el petróleo e Israel. Es la esencia de la política exterior de Washington durante las últimas seis décadas en lo que se refiere a Medio Oriente, los árabes y el mundo musulmán en general. Esto ha implicado que se mime a un surtido de dictadores y diversas autocracias y se hayan salpicado sus países de bases militares. Un ejemplo crucial es la historia de cómo la Agencia Central de Inteligencia de EE.UU. (CIA) derribó la democracia en Irán en 1953 [1]. Desde el punto de vista geoestratégico, la palabra clave para este estado de cosas es “estabilidad”.

Egipto representa un papel estratégico muy especial. Es como el propio Obama describió el valor estratégico de Hosni Mubarak y su régimen cuando fue a El Cairo en junio de 2009 para presentar su mensaje de libertad al mundo árabe: “Ha sido un aliado incondicional en muchos sentidos para EE.UU. Ha mantenido la paz con Israel, algo muy difícil de hacer en esa región.”

Por lo tanto, como uno de los pilares de la “paz fría” con Israel, Egipto es un paradigma. Es un fenómeno bipartidista, en términos estadounidenses: republicanos y demócratas lo ven de la misma manera. Existe el Canal de Suez, por el cual fluyen 1,8 millones de barriles de crudo diarios. Pero ser “socio de Israel” en los acuerdos de Camp David de 1979 es lo que explica los miles de millones de dólares entregados profusamente a los militares egipcios y las tres décadas de apoyo incondicional a la corrupta dictadura militar de Mubarak (y sin lugar a dudas, la implicación de EE.UU. en esa vasta tienda de horrores está toda documentada en las cajas fuertes del régimen). Por una pista paralela, la “estabilidad” también se traduce en una detestable calidad de vida para casi la totalidad de los egipcios; los derechos democráticos de las poblaciones locales son siempre secundarios ante las consideraciones geoestratégicas.

Se ha hipnotizado a la opinión pública occidental con el statu quo geoestratégico dominante en Medio Oriente, es decir el eje Washington/Tel Aviv, para que acepte el mito de que democracia árabe equivale a fundamentalismo islámico, haciendo caso omiso de cómo todos los intentos de rebelión popular en el mundeo árabe han sido aplastados durante las últimas décadas. El gobierno israelí va más allá de esa ecuación: para Tel Aviv el fundamentalismo islámico equivale a terrorismo, por lo tanto, democracia árabe = terrorismo. En este marco, el mubarakismo es más que nunca un aliado esencial.

Yo o el caos

Sin embargo, el hecho de que el anterior presidente Anwar Sadat haya llegado a un acuerdo con Israel en 1979 a cambio de preciosos regalos de EE.UU. -un sistema perpetuado bajo Mubarak- no significa que Egipto e Israel se amen apasionadamente.

Por ejemplo, la televisión estatal egipcia difunde insistentemente la mentira flagrante sobre espías israelíes en las calles de El Cairo, disfrazados de periodistas occidentales; eso llevó a aterradores ataques concertados no sólo contra periodistas extranjeros sino contra egipcios que trabajan con ellos. Y, aunque no lo creáis, el mubarakismo ha tenido el descaro de incluir al Mossad israelí, junto con EE.UU., más Irán, Hizbulá y Hamás como co-participantes en una inmensa conspiración para derrocarlo.

Esto sucede mientras en realidad fue el Jihad Amn-Ad-Dawlah (“Aparato de Seguridad del Estado”) – la más siniestra de las agencias de seguridad del Estado, una unidad de contraterrorismo con vínculos extremadamente estrechos con la CIA, el FBI y el Mossad- el que lanzó a sus escuadrones de matones financiados por los compinches multimillonarios de Gamal, el hijo de Mubarak (quien después de todo no ha huido a Londres), a atacar a manifestantes y medios extranjeros por igual.

Para complementar la perversidad, Mubarak pasa a decir que “está harto” y que quiere irse pero no puede, porque de otra manera habrá caos – el caos provocado por los matones del propio gobierno; mientras tanto su número dos, Suleiman, culpa a la Hermandad Musulmana por los “disturbios”.

Tanto como la revolución amenaza la supervivencia política de toda una clase gobernante en Egipto -incluida la actual junta militar de Suleiman, del primer ministro Ahmed Shafiq, del ministro de defensa mariscal de campo Mohamed Tantawi y del teniente general Sami Annan, jefe del estado mayor del ejército- los nuevos jóvenes protagonistas, porque representan una expresión de comunidades locales, no son manipulados por potencias extranjeras. Son protagonistas nuevos, más autónomos, pero imprevisibles, más dignos. Otro factor para hacer tambalear al mito de la “estabilidad” de EE.UU.

Lo que es más extraordinario es que estos nuevos protagonistas que emergen en el Magreb, el Mashreq y en Medio Oriente colisionan directamente con la obsesión israelí de mantener el status quo extremadamente desequilibrado (que incluye el genocidio a cámara lenta de Palestina), provocan un importante choque estratégico entre los intereses de EE.UU. e Israel.

El gobierno de Obama ha comprendido que el aspecto absolutamente crucial que debe ser resuelto es la tragedia palestina. Ahora ese gobierno es absolutamente impotente para encarar a un Israel bajo la aguda paranoia de estar rodeado de fuerzas “hostiles”: Hizbulá en el Líbano, Hamás en Gaza, y una Turquía ligeramente islamista cada vez más firme, un Irán “nuclear”, un Egipto dominado por la Hermandad Musulmana…

La verdad os hará libres – tal vez

“Pero tengo una firme convicción de que todas las personas anhelan determinadas cosas: la capacidad de pensar y tener voz en cómo se rige su destino; la confianza en el imperio de la ley y la igualdad de administración de justicia; que el gobierno que sea transparente; y que no se robe a la gente la libertad de elegir cómo vivir. Estos no son sólo las ideas de América, son los derechos humanos. Y es por eso que vamos a apoyarlos en todo el mundo.”

Esto fue Obama en El Cairo en 2009. ¿Apoya realmente EE.UU. estos derechos ahora cuando los egipcios están dispuestos a morir por ellos?

Tanto como Obama fue a El Cairo a “vender” el caso por la democracia (y se puede decir que tuvo éxito), se podría apostar a que el establishment de Washington hará todo lo que pueda por tratar de “controlar los daños” en elecciones realmente democráticas en Egipto. Los mercados financieros y los políticos maquiavélicos (y no siquiera consideramos a los derechistas rabiosos) prácticamente imploran por que la Hermandad se convierta en una realidad alternativa para poder legitimar por fin el concepto de una dictadura militar egipcia eterna.

No ven que los verdaderos protagonistas en Egipto, las masas urbanas, de clase media – la gente que protesta pacíficamente en la Plaza Tahrir – saben perfectamente que el Islam fundamentalista no es la solución.

Las dos principales organizaciones de masas en Egipto son la Hermandad y la iglesia cristiana copta – perseguidas ambas por el régimen de Mubarak. Pero son los nuevos movimientos los que serán cruciales en el futuro, como ser los jóvenes activistas de 6 de Abril, asociaciones de trabajadores de oficinas y fábricas, así como el Nuevo Partido Wafd, un renacimiento del partido que dominó Egipto de los años veinte a los cincuenta, cuando el país tenía verdaderas elecciones parlamentarias y verdaderos primeros ministros.

Es difícil que la Hermandad obtenga más de un 30% de los votos en una elección libre y limpia (y cree firmemente en la democracia parlamentaria). No es hegemónica, y definitivamente no es la cara del nuevo Egipto. De hecho hay una fuerte posibilidad de que se desarrolle hasta ser algo similar al AKP (Partido de Justicia y Desarrollo) en Turquía. Además, según un reciente sondeo Pew, un 59% de los egipcios quiere una democracia parlamentaria, y un 60% se opone al extremismo religioso.

Egipto gana dinero esencialmente con el turismo, los aranceles en el Canal de Suez, las exportaciones de manufacturas y productos agrícolas, y con la ayuda (sobre todo militar) como ser los 1.500 millones de dólares anuales de EE.UU. La importación de granos es indispensable (motivo por el cual aumentan los precios de los alimentos, uno de los motivos esenciales para las protestas). Todo esto significa una dependencia del mundo exterior. El souk (bazar), con una gran comunidad cristiana copta, depende totalmente de turistas extranjeros.

Es justo imaginar que un gobierno democrático verdaderamente representativo abriría inevitablemente la frontera con Gaza y liberaría de facto a cientos de miles de palestinos. Y que esos palestinos, apoyados plenamente por sus vecinos en Egipto, el Líbano y Siria en la lucha por sus derechos legítimos, pondrían cabeza abajo la “estabilidad” de la región.

De modo que todo lleva a lo viejo. Para Washington bipartidista, hay “buenas” democracias (las que sirven los intereses estratégicos de EE.UU.) y democracias “malas” que votan “erróneamente” (como en Gaza, o en un futuro Egipto, contra los intereses estadounidenses).

Es el secreto sucio de la “transición ordenada” en Egipto – que implica que Washington sólo condena suavemente la sangrienta ola de represión del mubarakismo contra los manifestantes y los medios internacionales. Es considerada aceptable – mientras la dictadura militar se mantenga en el poder y se mantenga el frígido status quo. Además, el sacrosanto Israel salió con elogios para Mubarak; todo esto también significa que Tel Aviv hará todo por “vetar” a Mohamed ElBaradei como líder de la oposición.

¿Está hablando conmigo?

Después de todo Washington compró a Egipto y su ejército. Suleiman trabaja para Washington, no para El Cairo. Es otro significado de “estabilidad”.

En realidad, a Washington nunca le preocupó la ley marcial en Egipto, la represión de las demandas sindicales, los abusos de los derechos humanos, para no mencionar el alto desempleo entre los jóvenes y graduados de las universidades que apenas sobreviven bajo un sistema de mega-corrupción. Durante años, la “estabilidad” mató literalmente a un Nilo de activistas sindicales, jóvenes idealistas, trabajadores por los derechos humanos y demócratas progresistas.

En un mundo sano -y si Obama tuviera la voluntad- la Casa Blanca respaldaría incondicionalmente el poder popular. Se podría imaginar, en términos de mejorar la imagen de EE.UU., que sería un éxito impresionante.

Para comenzar, borraría instantáneamente la percepción en la calle árabe de que la reacción al estilo de Frankenstein de Mubarak -ignorando totalmente a Obama- muestra cómo el dictador cree que puede salirse con la suya. Un ejemplo más de la irrelevancia de EE.UU. en Medio Oriente – la cola que menea al perro.

El desvergonzadamente presumido Mubarak debe haber pensado: ¿Si el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu puede humillar públicamente a Obama, por qué no lo voy a hacer yo?

La calle árabe es muy consciente de cómo el sistema de Mubarak fue sobornado para enviar gas natural a Israel a precios ridículos; cómo impone el bloqueo contra los civiles en Gaza; y cómo, sobornado por EE.UU., actúa como el gorila de Israel. Netanyahu roba tierra palestina o mata de hambre a Gaza, y Mubarak usa miles de millones de dólares de ayuda militar estadounidense para aplastar el poder popular – la calle árabe sabe que estos hechos son apoyados por Washington. Y luego derechistas despistados en EE.UU. se quejan y preguntan “¿por qué nos odian?”

Si Obama dijera a Mubarak que “ahora” quiere decir “ahora” -incluyendo no sólo a él sino a toda la pandilla en uniforme- enajenaría al híper-poderoso lobby sioconsevador. No sería nada de malo, considerando que después de todo el petróleo está en tierras árabes, que son al mismo tiempo el punto crucial de la política en Medio Oriente. Pero no sucederá. ¿Transición ordenada? Ten cuidado con lo que deseas.

Fuente: Telesur

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14 de octubre de 2010.- EEUU no tuvo razones para invadir a Irak en el 2003, y solo lo hizo por “una serie de mentiras” dichas al pueblo estadounidense por la administración Bush, afirmó el General Hugh Shelton, quien sirvió por cuatro años como el más alto oficial militar de EEUU.

Shelton, quien fue Jefe del Estado Mayor Conjunto desde 1997 hasta el 2001, hace el comentario en las memorias que pronto serán publicadas, “Sin Dudarlo: La Odisea de un Guerrero”, escrito por Thomas E. Ricks.

El presidente Bush y su equipo nos enredó en Irak basado en inteligencia extremadamente pobre y en una serie de mentiras pretendiendo que teníamos que proteger a los estadounidenses del imperio diabólico de Saddam Hussein porque representaba una amenaza a nuestra seguridad nacional”, escribió Shelton en sus memorias.

Según Ricks, Shelton indica que para poder poner la guerra en marcha, el entonces Secretario de Defensa Donald Rumsfeld “dio un codazo al General Richard Myers y a los otros miembros del Estado Mayor Conjunto y también intimidó y halagó al General Tommy R. Franks mientras trabajaba directamente con él, y así fue básicamente a la guerra sin obtener el consejo de sus altos asesores militares”.

El resultado, escribe Shelton, fue un plan de guerra que llegó a ser un ‘fracaso’.

Shelton guarda sus más duras críticas para el mismo Rumsfeld, quien según dijo tuvo “el peor estilo de liderazgo que yo haya presenciado en 38 años de servicio”.

Ricks escribe:

Luego de su primera reunión con Rumsfeld, Shelton recuerda pensar, “Vamos a necesitar algunos productos de limpieza muy resistentes si todo lo que vamos a hacer es perder tiempo teniendo que mear en combates como este”. Cuando se comprobó en una reunión que Rumsfeld estaba equivocado, Shelton dice que él no lo admitió, pero más bien siguió avanzando e “hizo lo mejor para quedar a flote entre las sandeces que estaba diciendo”

En un momento, Rumsfeld rechazó totalmente un plan para cómo lidiar con ataques iraquíes contra los aviones de guerra de EEUU en las antiguas “zonas de exclusión aérea”. A Shelton le gustó como era el plan, y cuando ordenó reformarlo, él lo dejó en su escritorio por un par de semanas, y luego lo envió de regreso al Secretario de Defensa con una nueva etiqueta: “Auto Respuesta Matrix de Rumsfeld”. Él adoró cada palabra de ello”, informa Shelton sin disimular su desprecio.

Shelton continuó criticando las afirmaciones de la administración Bush en torno a las supuestas armas de destrucción masiva de Saddam Hussein.

“Hilando la posible posesión de armas de destrucción masiva como una amenaza para EEUU en la forma como ellos lo hicieron, en mi opinión, equivale a engañar intencionalmente al pueblo estadounidense”, escribió Shelton.

Ricks indica que, “estas son acusaciones muy graves, dado que ellas vienen del hombre que fue el más alto oficial militar de la nación por cuatro años, justo antes del 11 de septiembre”.

Ricks también señala que Shelton tuvo palabras menos amables para el Senador John McCain, que según escribe Shelton “tenía un tornillo suelto porque la gente normal no se comporta en esa forma”.

En otra parte de las memorias, Shelton afirma que “El John McCain que conocí estaba sujeto a cambios salvajes de ánimo en rabietas de temperamento errático en el medio de una conversación normal”.

El libro del General Shelton sale a la venta el viernes.

Fuente: Aporrea.

El Gobierno iraquí ha accedido a pagar 400 millones de dólares a varios ciudadanos estadounidenses que fueron prisioneros del régimen de Saddam Hussein durante la primera guerra del Golfo. Con la firma del acuerdo por parte del embajador estadounidense en Irak, James Jeffrey, culmina la batalla legal que han librado ocho grupos de demandantes durante años. Entre ellos se encuentran el periodista de la CBS Bob Simon y su cámara, que fueron detenidos en la frontera con Kuwait tras la invasión iraquí de 1990, los hijos de dos contratistas estadounidenses y varios civiles que el ejército iraquí utilizó como escudos humanos para detener el posterior ataque estadounidense.

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La reducción de la presencia militar estadounidense en Irak no significa que se haya puesto fin a la ocupación que mantienen desde 2003 debido a que las tropas que se quedan en este país son de combate, así lo afirmó la directora del Instituto de Estudios de Políticas Internacionales, Phillis Benice.

“Siempre es algo bueno cuando el numero de tropas estadounidenses que están ocupando un país se reducen, y el hecho de que estamos reduciendo de 165 ó 170 mil a 50 mil, eso es algo bueno, pero no significa que se ha puesto un fin a la ocupación, particularmente porque en realidad las tropas que se quedan ahí son tropas de combate”, indicó Benice en una entrevista exclusiva para teleSUR.

Añadió que “como el Pentágono ha dicho, han sido reasignadas, bajo un nuevo nombre. Estas incluyen a mil cuatrocientas fuerzas especiales que no sólo están entrenando a sus contrapartes de manera sospechosamente similar a la forma en la que un día se entrenó a los escuadrones de guerra en El Salvador”.

Benice aseguró que pese a este retiro, se continúan con los ataque en contra el pueblo iraquí. “Esto es algo serio, ya que quiere decir que éstas aún son tropas de combate que ocupan a este país”, sostuvo.

Benice señaló que actualmente sí se estaba realizando una transición pero “ésta no pasa del control de EE.UU. al control de Irak” sino que es una transición del Pentágono al control del Departamento de Estado.

Señaló que la diplomacia del Departamento de Estado está siendo militarizada en Irak, un ejemplo de ello es la construcción de la Embajada estadounidense más grande del mundo que alojará a miles de soldados.

“La embajada de Estados Unidos allá será del tamaño de 80 canchas de fútbol, será del tamaño de la ciudad del Vaticano, tendrá capacidad para albergar a más de cinco mil diplomáticos, y por lo menos a siete mil mercenarios destinados a la protección de estos diplomáticos. Esta es la militarización de la diplomacia”, indicó.

Actualmente, Irak vive un panorama sanitario poco alentador con enfermedades como el cólera, el aumento de varios tipos de cáncer y de malformaciones en la población a raíz de la invasión que deja una intensa contaminación a causa del uranio y el fósforo blanco, elementos empleados por las tropas estadounidenses como armas, cuyos efectos tardará años en eliminarse, según un informe del Colectivo de Investigación sobre las Armas Radioactivas (CIAR).

Fuente: Telesur

Por:     Por Robert Naiman*
::*Director de política de la revista Just Foreign Policy

Es bastante malo que los editores de The New York Times hasta ahora se hayan negado a decir la verdad sobre lo que sabemos de la magnitud de la mortandad en Irak, como resultado de la invasión y ocupación estadounidense en el país desde 2003, de acuerdo a los estándares utilizados para describir tragedias humanas de las que el Gobierno de Estados Unidos no asume responsabilidad alguna. Si el New York Times utilizara los los mismos estándares de evidencia para describir tragedias humanas a pesar del grado de responsabilidad del Gobierno de Estados Unidos, entonces el reportaje sería titulado de la siguiente manera: ”cientos de miles de iraquíes han muerto” debido a la guerra estadounidense, algo que sabemos el New York Times publica diariamente, así como el reportaje titulado ”cientos de miles de iraquíes han muerto” en la guerra entre Iraq e Irán. El New York Times se rehúsa a difundir este hecho sobre la guerra estadounidense, quizás porque es incómodo para Washington reconocer quién apoya el estatus quo de la permanente política guerrerista.

En un titular de primera plana esta semana decía ”Venezuela, más mortífera que Iraq, se pregunta por qué”  Simon Romero del NYT afirma:

”Algunos aquí (en Caracas) bromean diciendo que sería más seguro vivir en Bagdad. Los números los respaldan.

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 Irak: un retiro sin gloria

La excusa para invadir Irak, tras los atentados del 11 de septiembre de 2001 -sin el apoyo de Francia y de Alemania- eran las supuestas bombas de destrucción masiva que poseía el dictador Saddam Hussein. Pero las armas jamás fueron encontradas por unos 176 mil militares que desplegaron Estados Unidos y sus aliados en ese país. La guerra se transformó en una trampa mortal para Bush, cuyo gobierno logró un desprestigio sin precedentes en el mundo y culminó con una derrota republicana en las elecciones de noviembre de 2008 a manos de un joven senador demócrata de Illinois llamado Obama.

“Tortura. Corrupción. Guerra civil. Estados Unidos ciertamente ha dejado su marca en Irak”, opinó el periodista Robert Fisk. Y dijo que Washington llevó a Irak “la infección de Al Qaida, la enfermedad de la guerra civil; ellos inyectaron en Irak la corrupción en gran escala; estamparon el sello de la tortura en Abu Ghraib, después de poner su sello de tortura sobre (la base aérea de) Bagram y las prisiones negras en Afganistán”.

El saldo de la guerra es más que negativo para la Casa Blanca, ya que en siete años y cinco meses murieron 4419 soldados de ese país y más de 100.000 civiles, según cifras citadas por la prensa estadounidense. En 2007, la consultora británica ORB (Opinion Research Business) estimó que más de 1,2 millón de personas murieron durante la invasión norteamericana. Además, las fuerzas de la red Al Qaida -que no existía durante la era de Hussein en Irak- continúan sus operaciones para desestabilizar el país, luego del atentado del 17 de agosto pasado, que causó 57 muertos en un centro de reclutamiento de Bagdad.

Los dirigentes políticos iraquíes no logran consensuar la formación de un nuevo gobierno tras las elecciones del 7 de marzo, que fueron ganadas por el bloque laico liderado por el ex primer ministro Iyad Alaui, con 91 bancas. En tanto, el Estado de la Ley, el partido del primer ministro Nuri al Maliki, obtuvo 89 escaños y la coalición chiíta Alianza Nacional Iraquí, 70.

Sin embargo, a estos dos partidos les faltan 4 bancas para lograr la mayoría absoluta de 163 escaños. Más de 50.000 soldados norteamericanos permanecerán de apoyo en Irak. El Departamento de Estado entrenará a la policía iraquí y elevará a 7000 el número de contratistas privados que tendrán a su cargo la defensa de cinco barracas fortificadas, así como el control de radares para prevenir ataques con cohetes.

La retirada ha provocado algunas protestas entre los militares iraquíes, entre ellas la del jefe del Estado Mayor, Babakir Zebari, quien la calificó de “prematura” y dijo que su ejército era incapaz de garantizar la seguridad del país antes de 2020. Sin las tropas estadounidenses en su territorio, Irak enfrenta otros peligros como la posibilidad de que se repita un golpe de Estado, como los cuatro que sucedieron tras la caída de la monarquía en 1958.

Los chiítas, marginados por Hussein con el apoyo de los sunnitas, son la rama religiosa mayoritaria del país. “La aprensión socava una peligrosa combinación de fuerzas que ha aquejado a Medio Oriente: una impredecible fractura militar y la creciente frustración con una clase política que parece aislada, sin timón”, señaló desde Bagdad el analista Anthony Shadid, en una nota del diario The New York Times.

Los analistas no esperan que aparezcan liderazgos populares en Irak, salvo el caso del clérigo chiíta Moktada al Sadr, quien se convirtió en una presencia turbulenta tras el derrocamiento de Hussein.

En el escenario político iraquí surgen otros nombres, como los del chiíta Al Maliki y los ex primeros ministros Ayad Allawi e Ibrahim al Jaafari, así como Ahmad Chalabi, un ex aliado de Estados Unidos, entre otros. Estados Unidos se retira sin gloria de Irak, dejando un país con el 23 por ciento de la gente viviendo en una situación de pobreza extrema, con dos dólares por día, mientras que un 3 por ciento sufre de hambre y desnutrición, según informes de las Naciones Unidas.

La retirada tiene más sabor a derrota que a victoria, con Estados Unidos desplegando más soldados en Afganistán para hacer frente al avance de los talibán y las fuerzas de Al Qaida. Y aquella imagen de la estatua de Hussein, con la cara cubierta por la bandera de las barras y las estrellas, que tanto entusiasmaba a Bush y al ex ministro de Defensa, Donald Rumsfeld, hoy forma parte de un pasado de intervención estadounidense.

Fuente: Telesur.

La humanidad está en una encrucijada peligrosa. Los preparativos de guerra para atacar a Irán están en “un estado avanzado de preparación”. Sistemas de alta tecnología, incluyendo las armas nucleares, están totalmente desplegados.

Esta aventura militar ha estado en el tablero de dibujo del Pentágono desde mediados de la década de 1990. Primero Iraq, luego Irán, según documentos desclasificados de 1995 del Comando Central de EE.UU.

La escalada es parte de la agenda militar. Mientras que Irán, es el próximo objetivo junto con Siria y el Líbano, este despliegue estratégico militar también amenaza a Corea del Norte, China y Rusia.

Desde 2005, los EE.UU. y sus aliados, incluidos los interlocutores de los Estados Unidos de la OTAN e Israel, han estado involucrados en el amplio despliegue y el almacenamiento de los sistemas de armas avanzados.

Los sistemas de defensa aérea de los EE.UU., los países miembros de la OTAN e Israel están totalmente integrados.

Se trata de una tarea coordinada del Pentágono, la OTAN, de la Fuerza de Defensa de Israel (FID), con participación activa de los militares de varios de los países de la OTAN y no-socios, incluyendo los estados árabes de primera línea (los miembros de la OTAN del Diálogo Mediterráneo y la Iniciativa de Cooperación de Estambul), Arabia Saudita, Japón, Corea del Sur, India, Indonesia, Singapur, Australia, entre otros. (La OTAN se compone de 28 estados miembros. Otros 21 países son miembros del Consejo de la Alianza Euro-Atlántica (EAPC); el Diálogo Mediterráneo y la Iniciativa de Cooperación de Estambul cuenta con diez países árabes e Israel.

El papel de Egipto, los Estados del Golfo y Arabia Saudita (dentro de la alianza militar ampliada) es de particular relevancia. Egipto controla el tránsito de buques de guerra y buques petroleros por el Canal de Suez. Arabia Saudita y los Estados del Golfo ocupan la costa occidental del sur del Golfo Pérsico, el estrecho de Ormuz y el Golfo de Omán.

A principios de junio, “informa Egipto, que permitió a once buques de EE.UU. y de Israel pasar por el Canal de Suez, en una aparente señal …. a Irán. … El 12 de junio, puntos de venta de prensa regional informaron que los saudíes habían concedido a Israel la autorización para sobrevolar su espacio aéreo…” (Mirak Weissbach Muriel, Israel’s Insane War on Iran Must Be Prevented, Global Research, 31 de julio de 2010) En la doctrina militar posterior al 11-S, el despliegue masivo de armamento militar se definió como parte de la llamada “Guerra Global contra el Terrorismo“, apuntando a organizaciones terroristas “no estatales” como Al Qaeda y los llamados “Estados patrocinadores del terrorismo “, entre ellos Irán, Siria, Líbano y Sudán.

La creación de nuevas bases militares de EE.UU., el almacenamiento de los sistemas de armas avanzadas, incluyendo las armas nucleares tácticas, etc . se llevaron a cabo como parte de la preventiva ‘doctrina militar defensiva‘ bajo el paraguas de la “Guerra Global contra el Terrorismo“.

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Libertad y paz, por Palestina y por todos los países que sufren directa o indirectamente la tiranía de EEUU disfrazada de libertad.

Alex Jones nos explica porque el Club Bilderberg tomaría medidas desesperadas ante la amenaza de la opinión pública de saber sus planes de dominio global.

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