Lo que no difunden sobre uno de los responsables de la contaminación

Publicado: 09/18/2010 en Estados Unidos, Ignorancia, Obama
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El militarismo de Estados Unidos es responsable de la contaminación más notoria y extensa del planeta, pero esta información y la documentación disponible han sido completamente ocultadas. A pesar de las pruebas, las organizaciones ambientales pasan largamente por alto el impacto al medio ambiente de la actividad militar de Estados Unidos, que tampoco fue foco en ninguna de las discusiones o restricciones propuestas en la reciente Conferencia de la ONU sobre el Cambio de Clima, en Copenhague. Este impacto incluye el uso desinhibido de combustibles fósiles, creación masiva de gases de efecto invernadero y una gigantesca diseminación de contaminantes radiactivos y químicos en el aire, agua y suelo.

Las extensas operaciones militares globales de Estados Unidos (guerras, intervenciones y operaciones secretas, más de 1.000 bases en todo el mundo y 6.000 instalaciones en Estados Unidos) están exentas de límites contra gases de efecto invernadero. En International Action Center, Sara Flounders escribió: “En cualquier medida, el Pentágono es el usuario institucional más grande de productos petrolíferos y de energía en general. Pese a todo esto, el Pentágono tiene una exención combinada en todos los acuerdos internacionales sobre el clima”.
Mientras los informes oficiales de Estados Unidos reportan el uso militar de 320.000 barriles diarios de petróleo (50,9 millones de litros), ésa cantidad no incluye el combustible consumido por los contratistas, o en instalaciones arrendadas o privadas, o en la producción de armas. El aparato militar de Estados Unidos es el principal generador de dióxido de carbono, un gas de efecto invernadero que la mayoría de los científicos creen culpable del cambio de clima. Steve Kretzmann, director de Cambio Internacional del Petróleo, informó que “la guerra de Iraq fue responsable de por lo menos al equivalente a 141 millones de toneladas métricas de dióxido de carbono (MMTCO2e) desde marzo de 2003 a diciembre de 2007. (…) Esa guerra emitió más del 60% que todos los países. (…) Esta información no se encuentra fácilmente… porque las emisiones militares en el extranjero están exentas de los requisitos de información nacionales dispuestos por la ley de Estados Unidos y el Convenio Base de la ONU sobre Cambio de Clima”.

Según Barry Sanders, autor del libro The Green Zone; the Environmental Costs of Militarism (“La zona verde, costos ambientales del militarismo”), “el asalto más grande al ambiente, entre todos nosotros alrededor del globo, proviene de una sola agencia, …las fuerzas armadas de Estados Unidos”.
A través de una larga historia de preparativos militares, acciones y guerras, el militarismo de Estados Unidos no ha sido señalado como responsable de los efectos de sus actividades sobre el ambiente, la gente o los animales. Durante las negociaciones de los Acuerdos de Kyoto, en diciembre de 1997, Estados Unidos exigió como condición para su firma la exención de límites o reducciones para cualesquiera y todas sus operaciones militares por todo el mundo, incluyendo acciones con participación de la ONU y la OTAN. Después de lograr esta concesión, la administración Bush rechazó firmar los acuerdos y el Congreso de Estados Unidos aprobó una disposición explícita que garantizaba al uso militar de Estados Unidos la exención de cualquier reducción o límite de energía.
Los informes de la periodista ambiental Johanna Peace divulgaron que las actividades militares continuarán estando exentas por efecto de un decreto firmado por el presidente Barack Obama que pide reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero antes de 2020 a otras agencias federales. Peace aseguró que “los militares explican más del 80% de la demanda energética del gobierno federal”. Tal como están las cosas, el departamento de Defensa es el contaminador más grande del mundo, produciendo desechos más peligrosos que las cinco más grandes compañías químicas de Estados Unidos combinadas. Uranio empobrecido, petróleo, combustibles, pesticidas, agentes defoliantes –como el Agent Orange–, plomo y vastas cantidades de radiación de armamento producido, probado y utilizado, son apenas algunos de los agentes contaminadores que el militarismo de Estados Unidos está introduciendo en el ambiente.
Algunos ejemplos clave:
– Uranio empobrecido: Decenas de millares de kilógramos de micro partículas radiactivas y de basura altamente tóxica contaminan el Oriente Medio, Asia Central y los Balcanes.
– Minas y bombas de dispersión fabricadas por Estados Unidos, regadas por extensas áreas de África, Asia, América Latina y Oriente Medio, continúan causando muerte y destrucción incluso mucho después que han cesado las guerras.
– 35 años después de la guerra de Vietnam, la contaminación de dioxina es 300 a 400 veces superior a los niveles “seguros”, dando por resultado defectos severos de nacimiento y cánceres en la tercera generación.
– Las políticas militares y las guerras de Estados Unidos en Iraq han causado la desertificación severa del 90% de la tierra, transformando a Iraq de exportador de alimentos a un país que importa el 80% de su comida.
– En Estados Unidos, las bases militares coronan la lista de lugares más contaminados, donde el perclorato y el tricloroetileno se filtraron al agua potable, acuíferos y suelos.
– Las armas nucleares probadas en el sur-oeste de Estados Unidos y las Islas del Pacífico Sur han contaminado con radiación millones de hectáreas de tierra y agua, mientras tizones de uranio profanan las reservaciones de los indios Navajo.
– El Pentágono abandonó criminalmente en sus bases alrededor del mundo barriles herrumbrados repletos de sustancias químicas, solventes y millones de rondas de munición.
– Estados Unidos planea un enorme rearme militar, por 15 mil millones de dólares, en la isla Guam, en el Pacífico. El proyecto, que transformaría a la isla de 50 km de largo en un eje importante para las operaciones militares de Estados Unidos en el Pacífico, se ha descrito como el rearme militar más grande de la historia reciente y podría llevar tanta gente como 50.000 personas a esa minúscula porción de tierra. El abogado de derechos civiles Julian Aguon, de la etnia chamoru –nativa de Guam–, entrevistado por Democracy Now!, advirtió que esta operación militar traerá a la isla consecuencias sociales y ambientales irreversibles. Como un territorio no incorporado, o colonia de Estados Unidos, la gente no tiene derecho a la autodeterminación, ni posee ningún medio gubernamental como para oponerse a una ocupación impopular y destructiva.
Entre 1946 y 1958, Estados Unidos arrojó más de 60 armas nucleares sobre Islas Marshall. La cercana población chamoru de Guam, que además está en la dirección del viento, todavía experimenta alarmantes tasas altas de cáncer relacionado.
En la Colina del Capitolio [Congreso], la conversación se ha restringido a si los esperados trabajos en la construcción militar deben otorgarse a estadounidenses del continente, a trabajadores extranjeros o a residentes de Guam. Pero raramente oímos voces y preocupaciones sobre los indígenas de Guam (la etnia chamoru), que constituyen más de un tercio de la población de la isla.
Entretanto, como si el mundo ya no estuviera bastante contaminado por el militarismo de Estados Unidos, un nuevo plan estratégico de cinco años de la marina de guerra delinea la militarización del Ártico para defender la seguridad nacional, riquezas submarinas potenciales y otros intereses marítimos, anticipándose a que el océano congelado se derrita y abra sus aguas hacia 2030. Este es un plan estratégico para las operaciones de ampliación de la flota, desarrollo de recursos, investigación, turismo, y posiblemente podría reformular de nuevo el transporte global.
Mientras el plan propone “asociaciones fuertes” con otras naciones (Canadá, Noruega, Dinamarca y Rusia, que también han hecho inversiones sustanciales en armamento militar apto para el Ártico), es muy evidente que Estados Unidos planea aumentar su presencia militar y capacidad naval de combate. Además del rearme naval previsto, Estados Unidos estacionó en Anchorage, Alaska, 36 aviones de combate F-22 Raptor, que es el 20% de su flota de esos aparatos.
Algunos “Ítems de Acción” del documento Mapa Itinerario Ártico de la marina norteamericana incluyen:
– Evaluación de la corriente y de la capacidad requerida para ejecutar guerra submarina, guerra expedicionaria, guerra relámpago y cooperación de seguridad regional estratégica en el nivel del mar elevado.
– Determinar amenazas actuales y previstas más peligrosas y más probables en la región ártica en 2010, 2015 y 2025.
– Focos de amenazas para la seguridad nacional de Estados Unidos, aunque también pueden considerarse las amenazas para la seguridad marítima.
Detrás de la apariencia pública que ofrece la cooperación ártica internacional, Rob Heubert, director adjunto del Centro de Estudios Militares y Estratégicos de la Universidad de Calgary, señaló: “Si ustedes leyeron cuidadosamente el documento observarán un lenguaje dual, uno que está diciendo ‘tenemos que comenzar a trabajar juntos’… y (entonces) comienza a decir ‘tenemos que conseguir nueva instrumentación para nuestros oficiales de combate’ …Estamos entendiendo claramente que el futuro no es tan agradable como dicen todas las declaraciones de carácter público”.
Más allá de las preocupaciones por los conflictos humanos en el Ártico y aquellos ofrecidos por el expediente de devastación ambiental elaborado por el militarismo de Estados Unidos, no se están considerando las consecuencias del impacto de la militarización en el ambiente ártico.
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